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La triste historia de amor del Gral. Zaragoza y una regiomontana

Texano de nacimiento, pero regiomontano por adopción, Ignacio Zaragoza vivió una apasionante historia de amor, que tuvo un triste final.

En la historia de nuestro país hay personajes entrañables, que se convirtieron en héroes de carne y hueso, cuyo legado se volvió imborrable y trascendente en la defensa de la soberanía y la libertad, una de estas figuras es el General Ignacio Zaragoza.

Él fue uno de los hombres más puros y entregados al país, quien no dudo en tomar las armas y aceptar el dolor de alejarse de su familia con tal de defender la en ese entonces joven Patria.

Zaragoza en Monterrey

Ignacio Zaragoza Seguin nació el 24 de marzo de 1829, en Bahía del Espíritu Santo, en el estado de Coahuila y Texas.

No fue sino hasta 1844 cuando la familia Zaragoza Seguin se asentó en Monterrey, tras la independencia de Texas.

A corta edad ingresó al seminario, aunque lo abandonó por falta de vocación sacerdotal. En su lugar, se inclinó por la vida militar.

Fue en 1853 cuando tras varios intentos logró ingresar al Ejército de Nuevo León, iniciando así una de las carreras militares más gloriosas de México.

El General se enamora de una regiomontana

Un día, Ignacio visitó a su amigo Marcelino Padilla. Al ingresar a la casa vio un cuadro que le llamó profundamente la atención: era una mujer de mirada profunda y finos rasgos.

Zaragoza se había enamorado de la regiomontana sin siquiera haberla visto en persona. Le preguntó a su amigo que quién era la mujer del retrato, le dijo que era su hermana Rafaela y el general de inmediato le pidió que se la presentara, y así fue.

El general batalló para ganarse el amor de Rafaela, pero finalmente pidió su mano y la madre de ella dio su consentimiento para el casamiento.

Todo estaba listo para la boda, la cual se celebraría el 21 de enero de 1857, en la Catedral de Monterrey.

Para desgracia de la pareja, 20 días antes surgió una rebelión de una facción conservadora en San Luis Potosí y Zaragoza fue comisionado para combatirla.

Rafaela se quería morir, cancelar la boda no era algo aceptable.

Así surgió una alternativa que en ese entonces no era tan extraña, pero que hoy en día resultaría impensable: ante la ausencia del general, su hermano Miguel fungió como representante y subió al altar con Rafaela para ser casados.

La Patria llama

Las ausencias de Ignacio fueron la constante durante el matrimonio y es que durante esos años nuestro país vivía años turbulentos, en donde los intentos de invasión de fuerzas extranjeras, fomentados por el sector conservador, eran cosa cotidiana.

Las calamidades de la familia Zaragoza Padilla y la muerte prematura de Rafaela

A pesar de esto, el matrimonio hizo todo lo imposible por luchar por su amor, a pesar de los golpes del destino.

A las ausencias de Zaragoza, su constante peligro de muerte en combate y a las penurias económicas propias de la época, se sumaron las muertes de sus dos primeros hijos, Ignacio e Ignacio Estanislao, ambos murieron prematuramente.

Únicamente Rafaela, la hija más pequeña, logró tener una larga vida, de 1860 a 1927.

El general veía cerca la muerte, lo cual lo atemorizaba, no por perder la vida, sino porque seguramente su familia quedaría en el desamparo.

Pero el destino le tenía preparado un duro golpe a Zaragoza: mientras él se encontraba preparando al Ejército de Oriente para hacerle frente al poderoso Ejército francés, Rafaela muere el 13 de enero de 1862, al parecer, víctima de una pulmonía.

Solo escasos 5 años duró el matrimonio Zaragoza Padilla, 5 años de complicaciones, de turbulencias, pero de mucho amor, un amor que a todas luces parecía imposible.

“Las armas mexicanas se han cubierto de gloria”

Con el corazón destrozado, Zaragoza inicia la campaña de defensa ante los franceses.

La lógica indicaba que el Ejército francés, el más poderoso del mundo en ese entonces, arrasaría con las fuerzas nacionales.

Tras varias derrotas para México, llega el 5 de mayo de 1862, el Día de la Batalla de Puebla.

Y lo impensable se hizo realidad: el General Zaragoza y el modesto Ejército de Oriente desbarataron al arrogante Ejército francés.

El júbilo nacional fue total, Zaragoza cumplió la misión y las expectativas ante lo que venía eran altas.

Zaragoza se rencuentra en el cielo con su amada Rafaela

Si algo caracterizó al General Zaragoza fue su profundo amor por sus soldados. Su sentido humano estuvo siempre presente y se preocupaba de sobremanera por el bienestar de sus hombres.

Por este motivo, en las semanas siguientes a la Batalla de Puebla visitaba de manera constante los hospitales militares, para ver la evolución de los soldados heridos y enfermos.

Gracias a esto cae enfermo de tifoidea y tras varios días de agonía muere el 8 de septiembre de 1862 a los 33 años de edad, apenas unos cuantos meses después de su gloriosa victoria.

El General Ignacio Zaragoza se reunió así con su amada Rafaela Padilla, para continuar su amor en la inmortalidad.

Álvaro García

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