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A 40 años de la primera visita de Juan Pablo II a Monterrey

La fría tarde del 31 de enero de 1979 marcó a millones de regiomontanos por la visita del “Papa Peregrino”, Juan Pablo II, a Monterrey.

Empezaba la fase final de la década de los 70’s y continuaban los “vientos de cambio”, en muchos sentidos, alrededor del mundo. La Iglesia Católica no era ajena a esta tendencia y en 1978 se eligió como papa al polaco Karol Józef Wojtyła, quien asumió el nombre de Juan Pablo II.

¿Qué representaba esto? Mucho. Juan Pablo II no solo fue el primer papa polaco de la historia, sino el primero no italiano desde 1523 y el más joven del siglo XX.

Pero al poco tiempo de haberse convertido en Sumo Pontífice, Juan Pablo II revolucionó la manera de llevar el papado, ya que optó por emprender viajes por el mundo para acercarse a todos los fieles, lo que lo llevó a ser llamado como el “Papa Peregrino”.

Juan Pablo II y su primer viaje, incluyendo a Monterrey

Momento en que Juan Pablo II asume el papado.

La primera gira del nuevo papa arrancó el 25 de enero de 1979, teniendo como destino a República Dominicana, México y Bahamas.

En el caso de nuestro país estaba contemplado que visitara las ciudades de Puebla, Oaxaca, Guadalajara y la capital del país, Monterrey no figuraba en el itinerario.

Religiosos y miembros del sector empresarial de Nuevo León pujaron fuertemente para conseguir que Juan Pablo II hiciera una escala en Monterrey y afortunadamente lograron que esto se diera.

Así, el 31 de enero el papa polaco piso suelo regiomontano y se dirigió de inmediato a un lugar que después de su visita de convertiría en punto de referencia: el Puente San Luisito, hoy conocido como el Puente del Papa.

Ahí lo esperaban más de un millón de personas (hay quienes calculan que la cifra de fieles presentes llegó a los 2 millones), ávidas de ver y escuchar al nuevo Papa, algo inimaginable meses atrás.

El ambiente fue festivo y muy emotivo, esto gracias no sólo al furor de los asistentes, sino al carisma que siempre caracterizó a Juan Pablo II.

Pero no sólo el carisma del Papa hizo que se ganara el corazón de los regiomontanos, sino también su discurso.

Sus palabras retumbaron en el corazón de Monterrey: hizo una plegaria, casi una exigencia a los empresarios, para redoblar esfuerzos para acabar con el desempleo y para que se mejoraran las condiciones de trabajo de los obreros, por quienes oró y a quienes enalteció.

El punto cumbre se dio cuando un trabajador de Fundidora le colocó a Juan Pablo II de manera sorpresiva un casco de la gran empresa hoy convertida en parque.

La imagen del Papa con su sonrisa intensa portando el casco con lentes de cobalto se quedó grabada en todos los presentes y se mantiene como la estampa de uno de los momentos más significativos de la historia moderna de Monterrey.

Al terminar el acto, el Papa se dirigió al Aeropuerto Mariano Escobedo, desde donde se despidió de los mexicanos culminando así una visita que jamás se olvidará.

Álvaro García

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